Respuesta a un artículo de David Gistau
Respuesta de Javier Couso al columnista de El Mundo David Gistau
Artículo de opinión de David Gistau publicado en el periódico El Mundo el 10 de marzo de 2005 en el que recurre a varios tópicos para justificar a los asesinos de José Couso:
El factor humano. Por David Gistau
El Mundo 10/03/05Jamás he estado en Bagdad ni en ninguna otra zona de combate, como no sea con un joystick en la mano.
Pero, por los relatos de quienes sí han estado, puedo suponer que el soldado no es una maquinaria bien calibrada que actúa de forma calculada e infalible, sino un chaval rebosante de miedos que siempre preferirá matar a morir.
Y que por ello, en ocasiones, incurrirá en los errores terribles que Graham Greene atribuía al «factor humano» y que cualquiera que decida entrar en una zona de combate debe aceptar como gajes del oficio potenciales.
A ese «factor humano», a esa confusión sucia de matar por no morir que es el único ambiente posible donde gobierna la guerra, hay que vincular el tiroteo sufrido después de su liberación por la periodista Giuliana Sgrena.
Pretender que había un plan, que fue atacada de modo premeditado por su credo político, es tan audaz e interesado como decir que a kilómetro y medio de distancia, en lo más crudo del combate y de los miedos, un tanquista fue capaz de identificar por sus rasgos a un camarógrafo español y tomar la decisión de asesinarle a sangre fría.
Podemos acordar que quien ha padecido eso tiene el derecho terapéutico a decir lo que quiera sin que los demás, los que a esa misma hora estábamos en el bar de la esquina pidiendo unas gambas al ajillo, debamos contrariar su discurso por respeto al sufrimiento.
O podemos arriesgarnos a contrariar los dogmas de la tribu periodística planteando la hipótesis de que, en Irak, las muertes merecen o no la indignación de la inteligencia occidental en función de prejuicios políticos.
La propia Sgrena, a quien su drama le vale para confirmar el prejuicio personal de la maldad natural americana, ha dicho en entrevista reciente que en cambio tolera las violencias indiscriminadas de la resistencia porque no son sino «excesos propios de un tiempo de guerra».
Nimiedades, vaya.Entre esos «excesos», tolerables porque no los perpetran americanos, hay que incluir la decapitación de un colega suyo, también italiano, el ya casi olvidado Enzo Baldoni, que apenas atizó la indignación del oficio a pesar del corporativismo y para quien no queda nadie exigiendo justicia.
Y entre esos «excesos», también, hay que considerar las masacres cotidianas de civiles, de gente corriente que intenta construirse un porvenir, cometidas por asesinos en serie a los que la perspectiva politizada de la inteligencia occidental impide incluso llamarles terroristas sólo para no arruinar el prejuicio maniqueo del antiamericanismo.
Resulta fácil decir lo siguiente desde el bar de la esquina, cuando a uno no le han matado a nadie. Pero esta misma interpretación tendenciosa se da en cómo recuerda el oficio a los dos periodistas españoles muertos durante la Guerra de Irak.
Sólo en el caso del que fue abatido por tropas iraquíes se dio por buena la explicación del «gaje del oficio», del «factor humano».
Y fue así porque no se le podía sacar beneficio político.
Respuesta de Javier Couso enviada el 11 de marzo de 2005 a la sección Cartas al Director y que no fue publicada:
El señor David Gitsau en su columna del día 10 de marzo de 2005, después de confesarnos que nunca ha estado en más zona de combate que sus jueguecitos bélicos cibernéticos, se permite el lujo de teorizar acerca de cosas que desconoce de manera absoluta e imparte cátedra sobre el asesinato de mi hermano.
Yo que si que he estado en zona de combate, y conozco, a través mi padre (Oficial Superior de la Armada) y de otros familiares cercanos, también Oficiales Superiores del Ejército de Tierra, los usos y métodos de las unidades militares en combate, y además, he tenido que documentarme a fondo sobre los hechos sucedidos -cosa que Ud. no ha hecho-, me permito hacerle las siguientes consideraciones:
1ª.- Quien mandaba el carro de combate que disparó sobre al Hotel Palestina era un sargento profesional con muchos años de experiencia y no un “chaval rebosante de miedos.”. Era un soldado curtido, que cumplió una orden superior.
2ª- Que el visor de un carro de combate M-1 Abrahams es capaz de señalar, con claridad, objetivos a 4 Km. de distancia.
3ª- Que el disparo se produjo en ausencia de combates; por lo menos en los 35 minutos anteriores a éste y después de 10 minutos de permanecer apuntando al Hotel.
4ª- Que, según los protocolos del Manual de Combate Urbano del Ejército de los EE.UU., antes de disparar sobre un edificio civil, se debe informar a las Secciones G-2 y G-3 (Información y Operaciones) del Estado Mayor y lo debe autorizar el propio general jefe de la División. Ambas secciones tenían perfecto conocimiento de que el Hotel albergada a tres centenares de periodistas internacionales. Es decir, según la Convención de Ginebra, era un edificio de carácter CIVIL. Se trata, pues de una clara vulneración del Derecho Internacional de la Guerra.
Si después de estas matizaciones quiere usted seguir jugando a las columnas de gracia simplona y desea seguir contribuyendo a la fácil coartada de la “politización”, hágalo, pero no ponga en duda mí legitimidad o la de mi familia para intentar el esclarecimiento de lo que de verdad pasó aquel fatídico 8 de abril.
Mientras tanto, usted, David, siga jugando a la guerra cibernética.
Javier Couso Permuy, hermano del periodista asesinado José Couso.






Enhorabuena, directo y claro!